Cuando no somos lo suficientemente buenos
Desde hace unos días he estado pensando en dos ideas que todos hemos escuchado al menos una vez en la vida y que parecen ser contradictorias. La primera: "Eres especial". Claro, tú eres especial y tu mamá siempre te lo dijo (o al menos eso espero). Eres especial y puedes hacer todo lo que te propongas. No hay nada imposible para ti. No hay nadie como tú, eres único. Y entonces crecemos y nos damos de golpes con la realidad cuando caemos en cuenta de que por más especiales que seamos hay miles de personas más que son especiales también. Y es cuando nos damos cuenta de la otra idea: "Siempre habrá alguien mejor que tú". No importa cuánto te esfuerces, es probable que siempre haya alguien que puede hacerlo mejor que tú.
Creo que ambas ideas son verdaderas y son una contradicción que podría resultar peligrosa si les damos mucha importancia. Algo que he aprendido este último par de años es que la comparación es algo con lo que hay que tener cuidado. A todos nos gusta un poco de competencia sana, pero ¿qué pasa cuando empezamos a comparar nuestros logros, nuestras metas y nuestras vidas con las de otras personas? ¿qué pasa cuando empezamos a sentir que no somos lo suficientemente buenos?
Diariamente navego por Instagram algún rato y veo miles de imágenes donde todo luce tan perfecto que es hipnotizante. Al pasar tanto tiempo admirando las imágenes de momentos especiales perfectamente capturados ahí, también me he dado cuenta de algo: Mi vida no es para nada como la de todas esas personas. No tengo una casa con grandes ventanas por la cual entra la luz del sol, tampoco tengo muebles vintage y mi colección de suculentas murió rápidamente. No tengo el mejor estilo, no tengo mucha ropa ni el mejor cabello. No salgo a comer todos los días y los platillos que logro cocinar no siempre son dignos de una fotografía con filtro. Me he encontrado a mí misma en algunas ocasiones pensando y añorando todas esas cosas y creyendo que mi vida tal vez sería un poco mejor si tuviera todo eso.
Una vez, estando en Home Depot encontré unos viniles para decorar las paredes y los imaginé en el cuarto de Helena (si Helena tuviera su propio cuarto) y entonces le dije a Israel: "Mira qué bonitos, si tuviéramos una casa más bonita los compraría". Después de un breve silencio él respondió: "Siempre dices eso 'Si tuviéramos una casa bonita' y ya entendí, no te gusta nuestra casa". Me sentí mal, pero eso me hizo abrir los ojos; no podemos vivir añorando las cosas que no tenemos, no podemos vivir deseando vivir las cosas que logran nuestros amigos o deseando el éxito que tienen nuestros conocidos. No podemos hacerlo, porque eso nos hace quitar la atención de todas las cosas maravillosas que hay en nuestra vida y de todo lo que tenemos para estar agradecidos.
Así que hoy quiero decirte que eres suficientemente bueno, de verdad lo eres y sé que estás haciendo lo mejor que puedes cada día. Sé que hay días en los que tal vez no lo sientas, pero créeme, eres suficiente y más que eso. Y eres especial también. Y hay que alegrarnos por los éxitos de las personas que amamos, hay que celebrarlos con ellos y a la vez hay que recordar que nuestra vida es increíble, con todas las cosas buenas y malas que tiene, es increíble porque es nuestra.
Creo que ambas ideas son verdaderas y son una contradicción que podría resultar peligrosa si les damos mucha importancia. Algo que he aprendido este último par de años es que la comparación es algo con lo que hay que tener cuidado. A todos nos gusta un poco de competencia sana, pero ¿qué pasa cuando empezamos a comparar nuestros logros, nuestras metas y nuestras vidas con las de otras personas? ¿qué pasa cuando empezamos a sentir que no somos lo suficientemente buenos?
Diariamente navego por Instagram algún rato y veo miles de imágenes donde todo luce tan perfecto que es hipnotizante. Al pasar tanto tiempo admirando las imágenes de momentos especiales perfectamente capturados ahí, también me he dado cuenta de algo: Mi vida no es para nada como la de todas esas personas. No tengo una casa con grandes ventanas por la cual entra la luz del sol, tampoco tengo muebles vintage y mi colección de suculentas murió rápidamente. No tengo el mejor estilo, no tengo mucha ropa ni el mejor cabello. No salgo a comer todos los días y los platillos que logro cocinar no siempre son dignos de una fotografía con filtro. Me he encontrado a mí misma en algunas ocasiones pensando y añorando todas esas cosas y creyendo que mi vida tal vez sería un poco mejor si tuviera todo eso.
Una vez, estando en Home Depot encontré unos viniles para decorar las paredes y los imaginé en el cuarto de Helena (si Helena tuviera su propio cuarto) y entonces le dije a Israel: "Mira qué bonitos, si tuviéramos una casa más bonita los compraría". Después de un breve silencio él respondió: "Siempre dices eso 'Si tuviéramos una casa bonita' y ya entendí, no te gusta nuestra casa". Me sentí mal, pero eso me hizo abrir los ojos; no podemos vivir añorando las cosas que no tenemos, no podemos vivir deseando vivir las cosas que logran nuestros amigos o deseando el éxito que tienen nuestros conocidos. No podemos hacerlo, porque eso nos hace quitar la atención de todas las cosas maravillosas que hay en nuestra vida y de todo lo que tenemos para estar agradecidos.
Así que hoy quiero decirte que eres suficientemente bueno, de verdad lo eres y sé que estás haciendo lo mejor que puedes cada día. Sé que hay días en los que tal vez no lo sientas, pero créeme, eres suficiente y más que eso. Y eres especial también. Y hay que alegrarnos por los éxitos de las personas que amamos, hay que celebrarlos con ellos y a la vez hay que recordar que nuestra vida es increíble, con todas las cosas buenas y malas que tiene, es increíble porque es nuestra.
Celebremos el amor un día a la vez.


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