UN ENSAYO DIFERENTE

by - septiembre 13, 2016


Mucho se ha dicho ya acerca de las marchas del fin de semana pasado, y de quién tiene la razón. Durante algún tiempo ya, me he limitado a leer las opiniones que se publican en Facebook y a escuchar las cosas que las personas tienen para decir. Me he abstenido de emitir comentario alguno por no saber con claridad lo que quiero expresar ni cómo quiero que las personas que me escuchen (o lean) se sientan. No he querido lastimar a personas que son muy importantes para mí, por eso hasta ahora había permanecido callada. Sin embargo, durante esta última semana, he sentido inspiración al leer las escrituras y otros artículos de la iglesia, así como al leer posturas de ambas partes de personas que considero mis amigos y a pesar de sentirme aún un poco renuente a escribir esto, siento una gran necesidad de hacerlo.

Soy miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos días y por consecuencia, creo en Cristo y sus enseñanzas. Creo en el modelo familiar que estableció Dios desde la fundación del mundo y considero sagrada esa unión. Al ser miembro de la iglesia, he aprendido a lo largo de toda mi vida que debo esforzarme por hacer lo más que pueda por parecerme al Salvador, y es por esto mismo que puedo reconocer que soy una persona con fallas y debilidades como todas las personas y que estoy bastante lejos de la perfección. Por consiguiente, entiendo que en ninguna forma soy superior a otras personas y que lejos de tener el derecho de juzgar a los demás, debo concentrarme en mis acciones y en cómo puedo ser una mejor madre, esposa, hija, hermana y amiga. 

Lo que deseo escribir nada tiene que ver con quién tiene la razón, pues no es mi deseo condenar o redimir una causa u otra, ya que cada quien tiene la posibilidad de discernir lo que es correcto y cada quien puede decidir qué es lo mejor. Por lo tanto, no vengo a exponer mi postura acerca de qué es lo correcto, no porque no piense que es importante hacerlo, sino porque he sentido que lo que debo decir  tiene un enfoque distinto.

El domingo en la noche, Isra y yo leíamos una clase titulada "Amor sin medida: la clave para una paternidad eficaz" esperando encontrar guía para ser mejores padres y lo que encontré sólo me hizo reflexionar en la situación que vivimos ahora. Adaptaré una parte para compartirla aquí:

1. ¿Qué clase de personas somos si solo demostramos amor a los demás cuando hacen lo que nosotros queremos?... ayudemos, no condenemos; amemos, no odiemos; perdonemos, no juzguemos; edifiquemos, no hundamos.

2. Quizá sintamos que debemos forzar a los demás a hacer lo que nosotros sabemos que es correcto. Sin embargo, ¿acaso nuestro Padre Celestial nos obliga a obedecer sus mandamientos?

Lo anterior nos hizo pensar en el concilio de los cielos, cuando hubo alguien que dijo: Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra. De modo que Satanás pretendía destruir el albedrío del hombre, cosa que el Padre no permitió. ¿Acaso en algunos momentos, nos parecemos un poco a él?


Y por último la escritura que me ha dado vueltas en la cabeza los últimos días: Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldiciónMe parece que la maldición ha llegado a la tierra, y para mí esa maldición es la enemistad que cada día crece entre amigos, entre familiares, entre la sociedad. Las palabras crueles, la contención y los malos entendidos que solo conducen a sentimientos malos en nuestros corazones.

Debemos defender la verdad y la rectitud, pero debemos tener cuidado en la actitud que tomamos al hacerlo. El Salvador es el mayor ejemplo de amor y yo trato de seguirle. A pesar de no apoyar la causa de la comunidad LGBT, jamás compartiría alguna imagen o meme que hiciera mofa de lo que creen o lo que defienden y jamás escribiría un comentario ofensivo hacia las cosas por las que ellos luchan, pues, a pesar de que mi postura es totalmente opuesta, se nos ha mandado amarnos los unos a los otros, cosa que es más fácil decir que hacer.

Es muy bueno tener una opinión o postura y defenderla. Pero al vivir en un mundo globalizado y con acceso a la información y al internet, cada vez se nos hace más fácil tratar de imponer nuestra opinión sobre los demás justificándonos con libertad de expresión. Entiendo que cada quien desee luchar por lo que cree y lo aliento, solo deseo que podamos escoger con sabiduría cómo es nuestra actitud hacia los demás cuando lo hacemos, sé que es difícil mostrar amor cuando (ambas partes) se sienten agredidas y sienten que su única forma de responder es con agresividad. 

Como dije al principio, no es mi intención decir quién tiene la razón y quién no, tampoco imponer mi opinión, ni pedir a alguna de las partes que cese en su lucha por defender lo que creen que es correcto; el único fin con el que escribo esto es poder decir a todas las personas que lean y que en algún momento se han sentido atacadas por alguna de las dos partes, que lamento que se sientan vulnerables debido a las actitudes que algunas veces, sin darnos cuenta, como personas imperfectas tomamos. Por mi parte, espero poder escoger siempre no sentirme agredida por la opinión de los demás y poder mostrar compasión en mis actos a todos los que me rodean, inclusive si piensan diferente a mí.

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